Mi árbol preferido, desde pequeño, por su robustez fue el Quercus Ilex. Con el tiempo conocí la acacia y descansé en ella, ahora puedo decir que me es conocida.
Bajo su sombra encontré la claridad de mis ideas y una seguridad no conocida antes. Al abrazarla sentí pureza, y volví a la ingenuidad de mi infancia; me sentí inocente de todo pecado y culpabilidades.
Aprendí a doblegar pasiones y alejarme de las corruptelas y los corruptos, aunque fuesen queridos. Trabajé y trabajo en la esencia de mis valores. En cuanto a los vicios y los egos...; ahí ando, en la lucha, venciendo día a día.
Bajo su sombra muere toda ignorancia y fluye el discernimiento. En mí se acentuó -o quizás nació- el pensamiento crítico; la vida se abrió al discernimiento y la razón.
Pocos saben que un día conocí la muerte y fui invitado a la resurrección para la vida futura .·.
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