Hace tiempo que no encuentro una conversación inteligente, la serenidad de una charla amable, aliñada de candidez y sensibilidad. Para ello tengo que acudir a los amigos íntimos de siempre. Unos se marchan – cambian de espacios y modus de vida –, otros viajan a un horizonte eterno, y con algún que otro maestro la memoria ya juega con él.
Yo soy de aquellos que estudiaron la FP2, ¿y sabéis lo que siempre eché en falta en mi vida?: latín, filosofía, ética... Fueron carencias que de modo artesanal fui introduciendo a lo largo de mi vida, gracias al Trivium y al Quatrivium, al que algunos “hermanos” me condujeron. La moral ya venía aprendida.
No son meras asignaturas. El conocimiento del latín y griego dan profundidad de comprensión en muchos estudios; te facilitan y resuelven muchas dudas.
La filosofía y la ética, te ayudan a razonar, a comprender el mundo y a los demás; te motivan la responsabilidad y la cualidad de ser un buen ciudadano.
Hoy echo en falta tantas cosas en esta sociedad, que a veces tengo que realizar verdaderos actos de contrición por mi repulsa hacia ella, a su aborregamiento, su falta de raciocinio, responsabilidad y ética.
Nos hemos dejado adoctrinar por aquellos que expelían heces contra el adoctrinamiento de las religiones, ellos ahora hacen lo mismo. Y la sociedad, los sigue. ¿Era Marx el que decía que la religión era el opio del pueblo? El tiempo ha demostrado que la sociedad grita su deseo de esclavitud a esa droga u opio, sea de la naturaleza que sea.
Hoy mi mejor amigo (1) me ha dicho – esto se acaba, no llego a final de año.
Con el Alma puesta frente a la playa de malandar, donde el Baetis se entrega a su eterna amante la mar; nada de lo humano me es ajeno.
(foto tomada en el verano del 2016, con un triste smartphone)
(1) El amigo en referencia, era mi padre.

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