sábado, 18 de abril de 2020

República, república, república...




A algunos políticos se les llena boca con la palabra república, a sabiendas de cómo acabaron las dos experiencias que tuvimos en España. ¿Es que los españoles no servimos para tener una república, o es que nuestros políticos no sirven para ello?

Lo primero que me asombra del español es lo pronto que nos aferramos a las ideas de otros y a las ideas que más se repiten, o a las del que chilla más.


 Sin darnos cuenta todos los políticos y los partidos, nos manipulan. Por ejemplo, de forma peyorativa usan la palabra populismo para atacar al adversario, cuando todos ellos lo practican, todos intentan atraer hacía ellos a las clases populares, con las herramientas que les haga falta. Veremos algunas en próximos artículos.

Por supuesto, todos mienten o dicen medias verdades, que también es mentir. El caso más claro es cuando se enzarzan en cifras, las dan de forma intervenidas para acomodarlas a sus intereses. El votante sólo va a percibir un impulso eléctrico positivo en un concepto neuronal, sin más sentido para la razón.


Y cuando se habla de extremismos, es un mero eufemismo. Se suele decir que VOX es la extrema derecha, y se le crea el paradigma de “mal o peligro”, sólo porque usa postulados que no son concebidos ni admitidos por la izquierda más reaccionaria.


Por su parte, UP (Unidas Podemos) se entiende como un extremismo de izquierda, incluso radical, revolucionario o antisistema. Sus postulados son inasumibles por la derecha más reaccionaria. Y por supuesto, esos postulados son inviables en la sociedad actual. Y esa es una afirmación del propio Pablo Iglesias (UP).

Ambos extremos no querrán llegar a confluencias porque son incapaces de innovar (introducir novedades para cambiar la naturaleza de algo), ambos son reaccionarios y no buscarán puntos en común.

Así que cuando me hablan de república, república, república; suelo preguntar:
¿Qué prefieres una monarquía parlamentaria, un sistema asambleario o una república bolivariana?

¿Qué entiendes por democracia?, ¿y por república? Llegados a es el punto, es donde comienzan los cortocircuitos de conceptos y matices. República no es equivalente a democracia, es algo que en España algunos desconocen, pero en nuestro país existe un complejo no asumido, con lo cual nos es difícil superar ciertos traumas o paradigmas. Quizás una cultura mediocre o no haber sido capaces, por nosotros mismos o por el impulso cainita de nuestros representantes políticos, de progresar en nuestras dos repúblicas nos tiene todavía en un limbo.

Tener una cultura política avanzada, y entender el ejercicio de la política como el bello arte de lo social es fundamental para saber decidir y que no nos engañen ni manipulen. Un individuo que decide por las ideas de otro, no es libre. Se somete al pensamiento de otro. Para ser libre, necesariamente se necesita formación y educación, conocimiento e historia. Alejándonos de los adoctrinamientos. ¿Entendemos ahora, uno de los motivos por los que los distintos partidos políticos, introducen tantas variantes en el sistema educativo?: por el adoctrinamiento.

Hay políticos que reclaman la república, evidentemente, no son tontos, ellos también quieren ser reyes aunque de forma eufemística. Otros que aun siendo republicanos se acomodan a la monarquía parlamentaria, y otros hasta – de forma popular – adquieren marquesados como el de Galapagar. También se ha oído entre la derecha quien ha llegado a decir – prefiero presidir la III República.


Quien haya leído el Quijote se habrá dado cuenta que Cervantes hablaba de la república, de la república bien ordenada. Hay un momento, donde  don Miguel hace una comparación exquisita con las abejas:

<<En las quiebras de las peñas y en lo hueco de los árboles forman su repúblicas las solícitas y discretas abejas, ofreciendo a cualquier mano sin interés alguno la fértil cosecha de su dulcísimo trabajo>>


Semejanzas: El ciudadano de a pie, es el que trabaja en cualquier circunstancia y avatar – en una peña o en el hueco de un árbol – para producir la miel – la riqueza de un país –; y luego la regalamos a cualquier mano inexperta, sin exigirles nada. Sólo basta, como decía mi suegra que “me regalen el oído”.

¿Somos lo suficiente exigentes con nuestros políticos?, ¿por qué de forma graciosa dejamos que usen nuestra miel a sus antojos, siendo el erario público de todos?

Quizás porque simplemente somos abejas. Aunque a veces nos confundamos o nos confundan con ovejas, producto de sociedades carentes de una adecuada cultura democrática o infantilizadas.


Por esta razón se dan todos los casos de corrupción que nos encontramos en nuestro país. Da igual el partido que sea o el político de turno que esté. Desde el PSOE de González al de Sánchez; del PP de Áznar al de Rajoy; y si hablamos de los partidos nacionalistas o las distintas autonomías tenemos casos para todos, incluso para los sindicatos. Y les seguimos perdonando y votando, les seguimos regalando nuestra miel. Nos olvidamos de la historia.


Es curiosa, también, la descripción que hace Cervantes más adelante, en la segunda parte de su obra:

<<La gente baldía y perezosa es en la república lo mesmo que los zánganos en las colmenas, que se comen la miel que las trabajadoras abejas hacen>>.  

El que pueda entender que entienda.


El político español, en parte, parece que viene con una marca de fábrica: te engaña, miente, no dice la verdad completa – que es lo mismo que mentir –, o intenta seducirte para luego hacer lo que le venga en gana.

Un ejemplo de nuestros días es Pablo Iglesias. Él no quería ser “casta” (lo dejo ahí, sin comentarios). Él quería que todo acuerdo fuese con luz y taquígrafo, con cámaras; cuando le llega la ocasión usa el mayor de los secretismos, la mayor de las opacidades. Critica la elección democrática de  Ana Botella como alcaldesa de Madrid, por el hecho de ser esposa de Aznar (expresidente en aquellas fechas); sin embargo a la menor oportunidad, cuando puede, exige un puesto de ministra para su pareja – Irene Montero –, y él se acomoda como vicesecretario de un gobierno donde el PSOE es mayoría. Menos mal que, dijo por activa y por pasiva, que él no gobernaría nunca en coalición.

O la perla de Sánchez cuando hace ver a todos los españoles que con Pablo Iglesias NO formaría gobierno, que no podría dormir, y a las pocas horas del escrutinio electoral, está pactando un gobierno y ofreciéndole colchón en Moncloa. Su trato con la prensa no ha sido de lo más transparente y democrático: ruedas de prensa sin opción a preguntas, o con preguntas preseleccionadas y preparadas, o el coqueteo del caso “Tezanos” para limitar la libertad de expresión y de prensa. Por no nombrar la forma en la que administró y administra la pandemia COVID19, con presuntas irregularidades que ya veremos que consecuencias deparará en el tiempo.

No se queda atrás Rajoy cuando nos vendió una bajada de impuestos, e hizo todo lo contrario – los subió – y redujo el gasto público y el bienestar social. Sí, de acuerdo…, que se encontró muy mal las cuentas que el dejó Zapatero – el peor político desde Fernando VII, hasta ahora, porque el ranking puede cambiar, visto lo visto ; pero ese es el papel en la oposición, no dormirse y controlar al céntimo las cuentas del Estado, el presupuesto y su ejecución.

No tenemos políticos de altura o no nos quedan, y los que quedan no les interesa a los partidos políticos y sus estructuras, porque detrás de ellos viven profesionalizados en la política muchos más.

¿Qué es y en que se diferencian democracia y república?
Entre democracia y república no debe existir antagonismo en cuanto al gobierno, pero no es lo mismo.

La primera, la democracia, es la forma en la que sociedad determina y elige a sus gobernantes. El poder reside en el pueblo, y es éste quien le otorga el poder bajo un sistema representativo o directo. Ésta, la democracia, pueden ser directa (es la más pura, pero sólo se da en dos cantones en Suiza) o representativa (la más extendida). De la revolución a la moderación de los escenarios políticos, en los estados europeos se encontró un traje adecuado que significó la adaptación para la monarquía a los gobiernos constitucionales y democráticos: la monarquía parlamentaria [Repúblicas monárquicas y monarquías republicanas en la constitución del mundo ibérico | Ángles Lario González], como son los casos de: España, Noruega, Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Bélgica, Luxemburgo y Países Bajos; así como otras no europeas como Japón, Bután, Canadá o Australia.

La segunda, la república,  es el gobierno de la ley, se fundamenta en el imperio de la ley (Un montón de gente, no es una república | Aristóteles). No confundamos, el actual concepto de República – el de la Ilustración – con el término de la res publica romana, aquella antigua “forma parcial de la democracia”. Actualmente se puede entender, en esencia, como el modo de organizar la Jefatura del Estado. La república suele contraponerse a la monarquía, al tratarse ésta última de un cargo hereditario. Las repúblicas habitualmente pueden ser presidencialistas (donde el poder Ejecutivo y Legislativo van muy de la mano) y parlamentarias.

Democracia no es lo mismo que república; una hace referencia a la forma de gobierno, y la otra a la forma de su estructura política y jefatura del estado.

Existen repúblicas totalitaristas que se asemejan a una dictadura, y repúblicas democráticas. Incluso existen repúblicas que desde el punto de vista occidental o de la Ilustración, no lo son. Un ejemplo notable son las repúblicas árabes, donde no existe el poder de la ley, sino de la religión. Otros ejemplos de repúblicas que en occidente no obtienen el suficiente aval democrático son los casos de Venezuela, Cuba (marxista-leninista de partido único) o China (república unipartidista).



Lo que marca a un estado democrático son características de recomendada observancia:

  • Existen unos valores fundamentales por encima de todo, como son: la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.
  • El poder político es ejercido por los ciudadanos, es decir, los ciudadanos entregan el poder a unos representantes políticos.
  • Existencia de derechos y deberes fundamentales que entre los propios ciudadanos se reconocen, y que son inviolables.
  • Que exista la igualdad de redistribución y reconocimiento.
  • Limitación del poder, tanto en tiempo como en atribuciones. Cada determinados número de años los votantes pueden dar y quitar poder; y suelen establecerse separación de poderes entre el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial.
  • Se permite la libertad de partidos.



Existen más virtudes dentro de los sistemas democráticos. Sólo he enumerado las más comunes si pretender extender el texto, ya que se trata de una mera opinión aproximativa.

Sin embargo, en la España actual, sufrimos un sistema de partidos que urge corregir. Cuando apunto corregir, me refiero a que la ciudanía, en su libre ejercicio electoral, a buen seguro regulará con el tiempo.

Durante años, pequeñas corrientes residuales, reclamaban parte de la tarta hegemónica bipartidista. Las corruptelas sin escrúpulos de estos dos grandes partidos y de otros de ámbito nacionalistas, dieron pie a una atomización del arco parlamentario, demostrando con el tiempo que los que criticaban a la malsonante “casta”, ahora adquieren sus vicios, aliñándolo con el peligroso bálsamo del, mal llamado, populismo que supuestamente apareció a derecha e izquierda. Al fin y al cabo todos los partidos son populistas, venden y pregonan lo que el pueblo quiere oír y luego hacen lo que al gobernarte de turno le sale del “forrillo de sus caprichos”.


El proceso "democrático" es muy fácil en nuestra España:

Los partidos políticos piden a los votantes su confianza, mediantes mensajes que embaucan. Y digo “embaucan” no con ideas perniciosas, sino desde lo empírico. Si el partido es elegido, y obtiene el poder, hace y deshace a su antojo, sin que el votante tenga el derecho de tanteo o retracto. Y en la democracia actual no existe el concepto de “contractualidad”, que curiosamente sí existe para aquellas organizaciones empresariales, marcas y autónomos que publicitan u ofertan una idea engañosa. Ellos, los políticos, tienen la graciosa virtud de no ser despedidos por hacer mal su trabajo, engañar o incluso desviar dinero. Y en España es difícil encontrar un gobernante/a al que se califique con características tales como la lealtad, el honor y la eficacia.

La apreciación generalizada, a veces, es que – el político – en vez de servir, ha venido a ser servido. Y lo cierto es que el engaño de la democracia actual se diferencia poco de la edad media. Sólo nos dista la salvedad de que podemos elegir a nuestros caciques, duques, condes y marqueses, sólo les hemos cambiado los nombres. Al fin y al cabo ellos vivirán a cuerpo de rey – incluso aquellos que se proclaman republicanos – mientras que sus súbditos siguen pagando impuestos abusivos, no lo digo por la cuantía o lo costoso, sino porque son caros – pagamos demasiado para una gestión y rendimiento poco eficaz. Para más inri, si estos impuestos no fuesen satisfechos, por estrecheces económicas o el ahorcamiento fiscal, ellos – los políticos al cargo de las administraciones públicas – enviaran a sus esbirros a saquear mediante el embargo pertinente.

Mucho de estos políticos, si estuviesen en una empresa privada, a buen seguro, serían despedidos por ineficaces, inútiles para la productividad y faltos de competencias sociales. Aunque la culpa no es solo de ellos. Tenemos lo que hemos votado, por no aprender o no querer ver más allá de lo obtuso de nuestras mentes. Mientras tomamos conciencia, ellos vivirán y se perpetuarán en sus ducados, condados, marquesados y reinos de taifas que para eso son profesionales de la política, denigrando el bello arte de lo social.

De PolíticaTM

sábado, 11 de abril de 2020

#COVID19. Un confinamiento necesario, pero ¿es legal?, ¿y las multas?





La respuesta rotunda es NO. Hasta donde me llega la razón, NO.

Aun siendo necesario el confinamiento, tal como lo ha hecho el Gobierno, se antoja inconstitucional e ilegal y puede ser susceptible de indemnizaciones.

Desde mi punto de vista, esta ha sido una de las muchas incompetencias del Gobierno constituido entre socialistas y podemitas. Y sus señorías en el Congreso de los Diputados se han tragado este vómito.

¿Lo argumentamos? ¡Vamos a ello!



¿Qué dice la Constitución?

El artículo 116, al que se acoge el Gobierno en el RD 463/2020. Dice así:

Artículo 116
1.           Una ley orgánica regulará los estados de alarma, de excepción y de sitio, y las competencias y limitaciones correspondientes. (atención a la diferenciación de los distintos estados).

2. El estado de alarma será declarado por el Gobierno mediante decreto acordado en Consejo de Ministros por un plazo máximo de quince días, dando cuenta al Congreso de los Diputados, reunido inmediatamente al efecto y sin cuya autorización no podrá ser prorrogado dicho plazo. El decreto determinará el ámbito territorial a que se extienden los efectos de la declaración”.

Bien, ¿y cuál es esa ley orgánica que regula los estados de alarma, de excepción y de sitio?; es la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio. En su artículo 4.b. advierte que el Gobierno está facultado para establecer el estado de alarma en caso de crisis sanitarias tales como epidemias y situaciones de contaminación graves.  

En el artículo 11 de la L.O. 4/1981 viene algo interesante, ¡las medidas que se puede adoptar el Gobierno!

Art. 11.a. “Limitar la circulación o permanencia de personas o vehículos en horas y lugares determinados, o condicionarlas al cumplimiento de ciertos requisitos”.

¡Ojo!, el Ejecutivo ha evitado pronunciar en el RD 463/2020 este artículo de la mencionada L.O, ya que este articulado limita sólo en horas y lugares determinados. No indica a todas horas, de forma permanente, y mucho menos confinar en domicilios. El Gobierno por su parte toma la visión contraria: limita, y luego establece excepciones, abusando del estado de alarma. Para eso ya se explicita en la misma ley, en su artículo 13, el Estado de Excepción. Y es ahí donde de forma explícita se indica, en su apartado a), los efectos de éste:
con mención expresa de los derechos cuya suspensión se solicita, que no podrán ser otros que los enumerados en el apartado uno del artículo 55 de la Constitución”, donde se limitan la suspensión de los derechos y libertades.

Art. 55.1 de la Constitución: “Los derechos reconocidos en los artículos 17, 18, apartados 2 y 3, artículos 19, 20, apartados 1, a) y d), y 5, artículos 21, 28, apartado 2, y artículo 37, apartado 2, podrán ser suspendidos cuando se acuerde la declaración del estado de excepción o de sitio en los términos previstos en la Constitución”.


Es aquí, aplicando el art. 13 de la L.O. 4/1981, y eliminando el artículo 17 de la Constitución, cuando se puede privar de libertad y/o confinar en un lugar determinado, o en el hogar habitual. ¿Es arresto domiciliario? He de mencionar, para aclarar, que sin aplicar el artículo 55 de nuestra Constitución, sólo un juez puede dictar la localización permanente u obligación de permanecer en el domicilio (art. 37 del código penal). Y para aplicar el artículo 55, es necesario establecer el estado de excepción (art. 13.a. de L.O. 4/1981), y no basta con el estado de alarma para recluir a la población.

Es aquí también, aplicando el art. 13 de la L.O. 4/1981, y eliminando el artículo 19 de la Constitución, cuando se nos puede privar de establecer la residencia donde queramos (en domicilio habitual, 2ª residencia o donde nos sea más conveniente) y de circular libremente por el territorio nacional.

El RD 463/2020, dictado por el Ejecutivo PSOE-Podemos, mantiene contradicciones y carencias de bulto. Entre ellas cabe destacar:

a) Art. 7 se establecen las “limitaciones de libertad de circulación de las personas” (textualmente).
b) Y el Ejecutivo tiene el cuajo de indicar en el 5º párrafo del RD lo siguiente de forma literal: 
Las medidas que se contienen en el presente real decreto son las imprescindibles para hacer frente a la situación, resultan proporcionadas a la extrema gravedad de la misma y no suponen la suspensión de ningún derecho fundamental, tal y como prevé el artículo 55 de la Constitución”. 
c) Pues entre las limitaciones del art. 55 de la Constitución se prevé la eliminación o suspensión del art. 19, el referente a la libre circulación por el territorio nacional y libertad de residencia. ¿No es esto lo que se está produciendo?, ¿o pueden desplazarse cualquier ciudadano a su 2ª residencia? ¿Se está coartando o eliminando la libertad de circulación? 
d) En el RD463/2020 establece en el art. 7.g que entre las causas justificadas para poder circular están “Por causa de fuerza mayor o situación de necesidad”.¿Qué entendemos por fuerza mayor?, ¿qué entendemos por situación de necesidad? ¿Puedo considerar como fuerza mayor mi necesidad de expandirme y respirar fuera de las 4 paredes de mi casa?, ¿o eso debo dejarlo a la suerte y buen criterio del agente de turno? ¡Ojo en ese caso estaríamos en un estado policial! 
e) Además tanto al ministro del Interior, al de Sanidad, al Vicepresidente 2º del Gobierno y al propio Presidente; así como a los distintos responsables del Comité Técnico de Seguimiento del COVID19, les hemos oído hablar en innumerables ocasiones de confinamiento. Es un concepto que nos han grabado de forma sistemática en nuestras neuronas, sin embargo, no consta en el RD 463/2020. ¿Curioso?, ¿anecdótico?, ¿o…, intencionado?
  
¿Por qué no ha usado el Ejecutivo el estado de excepción? Pues cabe pensar que por las siguientes razones (sólo son las básicas que se me vienen a la mente):
a) Es un escalón cercano al estado de sitio, y éste tiene unas connotaciones muy cercanas a políticas militares, y el Ejecutivo  por marketing  prefiere tener un hueco entre medias. 
b) Necesitaría directamente la aprobación por mayoría del Congreso, no puede dictarlo el Gobierno por libre, y esto pude suponer un escollo para la libre acción o albedrío del Ejecutivo, ya que el Congreso podría incluir modificaciones.

c) Porque el Ejecutivo entienda que con el estado de alarma puede, con su forma peculiar de actuar – quizás supremacista(1) – modificar a su antojo las virtudes este estado. 

Por consiguiente, cabe pensar que el Ejecutivo ha utilizado de forma abusiva las facultades reconocidas en la L.O. 4/1981, al atribuirse las propias de un estado de excepción, cuando tan sólo ha declarado el de alarma; violando los derechos y libertades de los españoles; es más – tal como indica el art. 86.1 de nuestra Constitución – por muy extraordinaria y urgente que sea la necesidad un decreto no puede afectar al Título I de la Carta Magna, y en este caso el Gobierno está cizallando el art. 19 (Libertad de residencia y circulación dentro del territorio nacional) y el art. 17 (Derecho a la Libertad personal) bajo un RD. Y tal como indica el artículo 55 de la Constitución, también cabe pensar que se ha producido una responsabilidad penal por parte del Gobierno.

Además la mencionada L.O. establece en su artículo 3.2, por si alguien lo desconoce, que “Quienes como consecuencia de la aplicación de los actos y disposiciones adoptadas durante la vigencia de estos estados sufran, de forma directa, o en su persona, derechos o bienes, daños o perjuicios por actos que no les sean imputables, tendrán derecho a ser indemnizados de acuerdo con lo dispuesto en las leyes”.

Con todo esto no quiero rehusar la responsabilidad de guardar este periodo y las medidas necesarias, en aras del bien común, pero por la vía legal y estipulada  por la Constitución. Un gobierno democrático no puede enarbolar la bandera de "el fin justifica los medios". Y sobre todo, lo que no puede hacer es mentir o crear incertidumbres, porque socava la confianza puesta en él.

Somos un pueblo adulto a quien le sienta mal las mentiras, las medias verdades y las opacidades a las que, en ocasiones, nos ha hecho referencia el vicesecretario 2º del Gobierno. Éste prefiere – ahora, antes no – tratar temas en secreto para no enturbiar la concepción que pueblo pueda tener de él o de la política, o de su política. Vamos, algo así como aquello de “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”; lo que en época de Carlos III se dio por llamar el despotismo ilustrado.

Puede que me equivoque, pero me parece y entiendo que estamos en manos de unos aventureros de la política, o de gentucilla que no hacen las cosas bien y nos toma por bobos. Si fuere así, este campar a sus anchas por las instituciones públicas debe tener un final. Y los españoles somos mayores de edad, y debemos exigir personas serias y preparadas  ¡las mejores!  para afrontar los peores momentos; necesitamos las personas más adecuadas.


De PolíticaTM

(1)  “Alguien que cree que un grupo de personas debe liderar o tener el control sobre otro tipos de grupos de personas porque piensan que son mejores”

viernes, 10 de abril de 2020

La política española y los Picapiedras




De entre los temas preferidos en mi adolescencia, dos ocuparon un lugar esencial y privilegiado: la política y la religión. Conflictos y mil batallas por doquier estaban garantizados para aquel adolescente que andaba en una búsqueda a corazón abierto. Mientras que mis compañeros de estudios se debatían entre “chupipandis”, fiestas y discotecas; yo, era pasto de tertulias profundas, juegos sobre la bolsa, y conspiraciones para derrocar modos establecidos en asociaciones filantrópicas juveniles, donde descubrí la existencia de lo que hoy llamamos pederastia. Me divertí de lo lindo, jugando a ser mayor.
 
Pero los años pasaron y no voy a negar que, con el tiempo, coquetearan o coqueteasen conmigo PP, Cs PSOE o UDyP. Por motivos de equidistancias, ocupaciones profesionales o dignidad, rechacé aproximaciones más allá de una simple conversación. Con el paso de los años, lamentablemente, he llegado a un concepto demoledor: no me gusta ningún partido político.

La inoperancia y/o poca productividad de estas estructuras pagadas por el Estado y blindadas por ellos mismos en la Constitución, me causa rechazo. Soy más partidario de no mentir, trabajar duro, eliminar lo superfluo y potenciar la libertad empresarial que sirve de abono al bienestar social. En la Ley Orgánica 54/1978 – en su art. 6, el Legislativo (los políticos) se aseguran que el Estado financiará sus actividades –, o en su heredera la Ley Orgánica 6/2002 – donde pronto, en el art 4.5 – los lobos que cuidan del rebaño – identifican sus propias subvenciones a cargo de los Presupuestos Generales del Estado. Con esta fórmula – “la casta” como la llamaba tiempo ha Pablo Iglesias –establecían una idea adoptada por todos sin, a mi antojo, la reflexión debida.

En 1975 – en España – salíamos de una dictadura donde existió un partido único, con poder y sin oportunidad de oposición alguna; impuesto a sangre, fuego, lágrimas y miserias; y se nos impuso “constitucionalmente” – claro está –, la dicotomía: o más de lo mismo o esto. El resultado fue claro: más partidos con el mismo fin que el del régimen anterior: dominar, mandar sobre el pueblo – dictando sus leyes – y vivir a todo lujo a expensas del erario público.


Parémonos a pensar ¿qué es un partido político?

Levantarán, o estarán levantando, ampollas mis palabras. Lo hago desde la libertad de pensamiento y expresión, y con toda la intención para llamar a la reflexión, pero confío en que existirá convergencia en la definición de un partido político.

Éste se fundamenta cuando un grupo de personas con ideas homogéneas sobre la organización del colectivo social, se unen de forma permanente, para obtener el poder y llevar a cabo ese proyecto social al que han convenido en su seno organizacional.

Es decir, a lo que aspira un partido político es a asumir el poder, para tener la capacidad de mandar y dirigir cómo debe organizarse la sociedad o país, conforme a sus ideas. He de suponer que hasta aquí no habrá discrepancias, porque hablamos de conceptos y definiciones.

Las discrepancias surgirán cuando subraye que cualquier partido político, en dictadura o democracia, busca: 
  • El poder.
  • Imponer sus ideas, formas o proyectos incluso a los que no opinen como ellos.

A tal grado suele llegar la desfachatez de muchos gobernantes cuando aseguran, de una forma segadora y enfermiza, aquello de: "...que los ciudadanos estén tranquilos porque vamos a gobernar para todos, para los que nos hayan votado y para los que no; nuestro gobierno será de mano tendida". 

  • Con actitud severamente orgullosa, prepotente y cínica manifiestan que hayas elegido o no su opción la vas a tener que asumir sí o sí; porque gobernar es mandar y dictar.
  • Asumen que mi idea es la mejor y la tuya no.
  • La mano tendida hace referencia a "serás bienvenido si acatas mis ideas y propuestas.

El poder en democracia, si es por mayoría absoluta – forma eufemística de nombrar“democráticamente” una dictadura –, se impone de forma autoritaria y con pocas limitaciones para dictar y actuar. Acordémonos de los llamados “rodillos” del PSOE o del PP cuando han tenido el poder absoluto a nivel nacional o autonómico. Ninguna oposición era relevante ante sus únicas visiones eufóricas, que ejecutaban y llevaban a la práctica. Convirtiéndose, a la larga, en paranoias o pérdidas de la realidad social.  Para más inri, si el partido que gobierna tiene mayoría en el Legislativo, la sana división de poderes se verá comprometida sin excusas.

Si este poder se ejerce desde una mayoría relativa o en coalición con partidos minoritarios, éstos últimos imponen sus exigencias residuales al resto de la sociedad. Es decir, modelos no adoptados por la mayoría son impuestos para satisfacer exigencias y necesidades de unos y de otros.

El partido político o sus miembros van a justificar siempre, y remarco “siempre”, por todos los medios una concepción suprema: que funcionan como un servicio o instrumento para el bien público o bien común. Es una técnica comercial para apartar posibles objeciones. Cuando el único fin es su crecimiento ilimitado y el poder, prevaleciendo el segundo sobre el primero. Y es en este momento cuando embrocan y confunden el “elogiado” servicio público desinteresado con la demagógica idea para tildar de enemigo al contrincante político.

A partir de aquí, de conseguir el poder y catalogar al enemigo, van a establecer – de forma estratégica, visceral y primitiva – un circunloquio narcisista y de verborrea sofista – donde los restantes partidos se convertirán en enemigos a debilitar, batir o eliminar.
  
Yo que siempre pensé que la política era el bello arte de lo social, me desencanté en dos ocasiones. La primera fue cuando comencé a colaborar en una asociación política para crear ideas sin etiquetas. Fue cuando un buen amigo – cuasi hermano – me dijo – ¿me estás poniendo los cuernos con Manolo Pimentel?, vente conmigo que en el "partido" crecerás más.

La segunda ocasión fue cuando oí aquello de “si lo que buscas es ganar dinero, dímelo, es lo que hacemos en el partido” (he repetido “partido” para no descubrir siglas, pero vamos por muy democráticos que sean unos o republicanos otros,  siguen siendo monárquicos, partidarios de Isabel y Fernando, porque “Tanto Monta, Monta Tanto”).

Y ahora no quiero levantar ampollas, busco que éstas pasen, directamente, de segundo a tercer grado, que afecten a las capas profundas de la piel, al tejido epitelial conjuntivo. Que nos hagan pensar.

Las dictaduras, al menos la que padecimos en la España desde final de la Guerra Civil hasta el fallecimiento de Franco, se caracterizó porque:
  • Sólo existía un partido, el del Movimiento. Hoy en día, ya querrían algunos ser los únicos.
  • No se permitía la existencia de otros partidos (bueno..., hoy se intenta destruir al contrario, convirtiéndolo en enemigo visceral).
  • Existía un solo poder que ejercía el mando, dictando leyes para implantar un proyecto o modelo social y de convivencia (casi igual que hoy, cuando el Ejecutivo y el Legislativo está en manos e influencias del mismo partido).
  • “Mis ideas” son las que prevalecen y el resto no me importa (igual que hoy).
  • Y la separación de poderes era borrosa (Igual que hoy. Partidos que controlan el Ejecutivo y el Legislativo a la vez, Legislativo que influye en el poder Judicial). 
Y lo mejor de todo, es que siempre tienen excusas para todo, por muy débiles que sean.


Antes de finalizar, he de mencionar y calificar que en aquella dictadura franquista se estableció un régimen del terror y que mandó al paredón, en los primeros años de postguerra, a muchas personas sin ni siquiera darles la opción de un juicio, o a través de juicios sumarísimos. Hechos injustificables y, desde mi punto de vista, penales.

Pues bien, hoy en día temo, y tengo terror, que la coalición de los "Picapiedras" (Pedro y Pablo, Vilma y Betty) formada por el actual gobierno, en coalición con la extrema izquierda, ejerzan un modelo social único y no plural, el que imponen los absolutismos que carecen de esa capacidad de identificarse con las sensibilidades y sentimientos del conjunto los ciudadanos del Estado. Ya que sus líderes han demostrado mentir ostensiblemente y de forma continuada y enfermiza sin el más mínimo rubor, no mostrar empatía alguna, un acomodo y querencias bovinas a las tablas, ser sectarios y sobretodo la prevalencia del carácter agresivo y violento del líder extremista, todo poderoso y manipulador, de dudosa valía y confianza para muchos: Pablo Iglesias(1).

Claro está que los adláteres y aquellos que no piensan porque son “pensados” por el partido de turno, podrán decir que no se puede o debe adecuar la política a las particularidades. ¡Ay necios de pocas tintas, vida fácil y abrazafarolas! Ya en nuestra Constitución de 1812, por cierto liberal, en su art. 13 se manifestaba que el fin de todo gobierno era la felicidad de la nación. Pero claro, en las cabezas de cerebro “rectiliano”  y constreñido por anteojeras no es fácil que llegue la luz de la razón.

Por estas o muchas más razones no me gustan los actuales partidos políticos, ni su atomización.


De PolíticaTM




((1)  “…Pido disculpas por no romper la cara a todos los fachas con los que discuto en la TV…”, “…gente más baja que la nuestra…”, su emoción cuando se agrede a un policía, o su admiración por el sistema chavista, y su acusado apego al terrorismo.

martes, 25 de febrero de 2020

Nos volveremos a ver




Hoy es uno de esos días tristes, como decía Benedetti:


Se me han ido muriendo los amigos
se me han ido cayendo del abrazo
me he quedado sin ellos en el día
pero vuelven en uno que otro sueño.

Es una nueva forma de estar solo
de preguntar sin nadie que responda
queda el recurso de tomar un trago
sin apelar al brindis de los pobres…


Mi abuelo, Pedro, Miguel Ángel, Claudine, José Luis, y ahora tú…, ¡los queridos!

Pocos son los que tuve y con los que compartí momentos íntimos, pocos son los que fueron, mas jamás dudé de sus lealtades, y tampoco de sus fueros.

Hay miradas que leen y dicen, y las hay que te abrazan y hacen. Hoy me llega la noticia de tu adiós a un horizonte eterno, aunque seguro que mejor, a mí me duele esta despedida.

En el camino te encuentras, y me he encontrado, muchas deslealtades y pocas virtudes, y otras vergonzosas y mundanas relaciones que dejo para el caldero de Pedro Botero, pero tú eras la excepción. Siempre con la sonrisa por bandera, hasta para un adiós.

Hace tres años cuando ni andar podía, alguien me abordó en la noche y me dijo algo, como mendigando. No escuché, y huí de su aspecto. Atemorizado por mi incapacidad, hacía distancias, mientras me seguía por la calle. Y yo afanado en mis torpes muletas, alargaba el paso.

           – Al fin la esquivé menos mal – me dije al llegar cerca de casa.

Así encaré ese macareno barrio de los Callejones.

A la mañana siguiente cuando salí a la calle, a la luz, volví a encontrarte, .¡eras tú!, esta vez pidiendo, como si estuvieses haciendo guardia por el entorno. Ahora la distancia era más corta e inevitable. Me miraste, te miré y me sonreíste. La delgadez extrema por tez, los ojos hundidos en parpados y cuencas oscuras, tus dientes picados y renegridos por la droga.

          – Soy yo, te acuerdas – me dijiste con dulzura y amargor.

No te reconocí, hasta que ahonde en tus ojos. Perplejo pronuncié tu nombre en una pregunta incrédula y dubitativa e intenté darte la mano. Mas tu delgado y huesudo brazo fue más rápido, y se apartó.

          – No quiero nada de ti, sólo que me perdones y que aceptes, ahora sí, este adiós.

Desapareciste. Como un velero que dejé marchar en aguas tranquilas, mientras petrificado no supe pensar.

Hoy me llega la noticia de tu adiós eterno.

          –   Nos volveremos a encontrar, amiga, más adelante; por ahora no.




jueves, 20 de febrero de 2020

El último “para qué”



Mucho se habla de crisis, de momentos de bajo crecimiento, de precariedades, de espacios estancados, de macroeconomía, de poderes e intereses macroeconómicos…, sin darnos cuenta que estamos en un cambio constante.

Bajo el paraguas de la nube que supuso el sXX para el crecimiento en un sistema de capital – a pesar de sus dos grandes guerras y las otras guerras, o bien gracias a ellas – Occidente (o lo que llamamos mundo capitalista) creció al amparo de algo que llamamos tiempo, la medida y la ilusoria, y ficticia – a la vez – venta del tiempo. Ofrecimos nuestro tiempo por un salario, o bien ofrecimos salario por el tiempo de los demás. Y nos olvidamos como personas, de nuestro entorno y del bienestar. Ahora quizás llega el momento de muchos cambios de paradigmas.

La diferenciación que siempre observé entre autónomos y empresarios, es que los primeros estaban enfocados en su flujo de caja, en su cash flow; mientras que los segundos tenían dos caballos de batalla: la facturación y la viabilidad del proyecto. Observad simplemente que cuando alguien habla de sueldo, su mentalidad es la de empleado; si habla de facturación, estamos delante de un empresario/autónomo; y si su conversación es la de patrimonio, estamos ante un inversor.

En el sXXI tendremos que abrazar ideas culturales más amplias, como nuestro bienestar, nuestro entorno natural y social, y las personas. Alejándonos de esas ideas alarmistas de ecologistas enfurecidos/as, de “progresistas/os” que jamás labraron la tierra, limpiaron o cosieron unas redes, ni ayudaron a parir a una res, y mucho menos avivaron una fragua o se deleitaron en un torno. El mundo empresarial e inversor tendrá que cambiar el paradigma de las personas, y comenzar a verlas como lo que algo más del 90% dicen que son, su mayor activo empresarial. Si son el mayor activo empresarial, ¿por qué se sigue tratando como un coste y no como una inversión? Hoy por hoy, la coherencia y el sentido común son el menor de los sentidos, y seguimos tratando a las personas como un coste en nuestra cuenta de resultados. Es evidente que en la nueva economía, administraciones, empresas e inversores, tendrán que reanalizar el concepto de inversión en la personas. 

En la actualidad he visto, perplejo, medir el valor de un folio por encima del beneficio del vuelo de un avión de papel, cuando de ello dependía el bienestar de muchos. Tendremos que decidir acciones ecológicas por encima del capital, y nos daremos cuenta que nuestras decisiones no deben perjudicar a los demás ni a nosotros mismos.

El fin de toda sociedad no es el capital o la rentabilidad, como tampoco lo es para un inversor, empresario o empleado. Más allá de ese beneficio pecuniario existe un motivo más transcendente: el último “para qué”. El fin de toda sociedad es la felicidad de quienes la integran. Todos de alguna u otra forma necesitamos sentirnos amados, y utilizamos diferentes recursos para ello.

El empleado por su parte, tendrá que repensar el sentido de la felicidad dentro y fuera del trabajo. En condiciones generales, trabajamos aproximadamente un 10% de nuestra vida natural; o lo que es lo mismo, el 20% de nuestra vida laboral. En el periodo hábil de vida laboral – tomando el comprendido desde los 25 a los 67 años – usamos algo más del 46% ¿para qué? Unos dicen que para el ocio, otros para crecer o la familia, otros para el desarrollo personal o la creatividad. Lo cierto es que o no es un tiempo bien usado, no lo valoramos adecuadamente o lo dejamos escapar. Y digo, escribo o refiero “escapar”, cuando no le sacamos el rendimiento adecuado a nuestro tiempo: ser más felices.

Antaño, en el actual mundo avanzado, se trabajaba de sol a sol, hoy sólo un 10% de nuestra vida natural. El ser humano ha demostrado, a lo largo de la historia,  que cada vez tiende a trabajar menos y sin embargo estamos inmersos en una sociedad donde vemos que todo es trabajo y no tenemos tiempo para nada.

No tenemos tiempo para mirar cinco minutos a nuestra pareja a los ojos, y comunicarnos con ella. No tenemos tiempo para nuestros mayores. No tenemos tiempo para nuestras amistades, y en vez de darles un abrazo, las felicitamos con la frialdad de un texto – más bien corto – en la distancia. Y peor aún, no tenemos tiempo para nuestros hijos y los dejamos al amparo de pantallas y máquinas que les enseñan momentos estresantes que se quedarán para siempre como recurso de la mente, y que el concepto que matar o morir ya no es importante.

En este mundo inteligente, dejamos las emociones para otro momento, sin saber que si avanzamos en ellas, seremos más felices y estaremos más motivados. Sin embargo hay empresarios que se han dado cuenta de esto, de la importancia de la motivación, porque es una componente del compromiso, que en realidad es lo que les interesa en el aspecto laboral, productivo e incluso creativo: desarrollar a las personas y su talento. Para ello están introduciendo la Inteligencia Emocional (IE) en sus empresas. Saben que potenciando a personas, para que sean más inteligentes emocionalmente, éstas serán más felices en su mundo exterior, encontrando más sentido a las situaciones cotidianas.

Nos estamos moviendo o debemos movernos en ese sentido, obviando y alejando todo lo tóxico y conflictivo o enredoso, de lo contrario estaríamos avocados a la siempre trágica válvula de escape de las sociedades basadas en el capital: la guerra. Con esta advertencia no abogo por los sistemas comunistas, que si bien no tienen válvulas de escape, son un caldero a fuego lento para quemar las esperanzas y toda justicia, defendiendo su única igualdad: la miseria.


Manuel Jigato Rubio
Ceo en www.quercusbpr.es

viernes, 3 de enero de 2020

Regala la habilidad de viajar en el tiempo y el espacio.




Allá por 1996 (en el siglo pasado) visitaba Madīnat al-Zahrā, una joya omeya en Córdoba – aunque existan aún incultos de altas palabras y fuera de tono que no la admiren y comprendan –. Por aquella época estudiaba ingeniería informática. Alguien que admiraba aquello asombrado, a la vez que yo me deleitaba por octava vez, me dijo – Manuel – cuando a mí me gusta aquello de Manolo (es más español, andaluz y de “askí”) – tenemos que hacer un software que virtualice todo esto, que introduzca a las personas en el entorno y con ambiente. Y yo pensé – y que genere adrenalina, como introducir a “un yanki en la corte del rey Arturo” –, no lo vi claro, lo confieso. Mis progresos informáticos no daban para ello y el nivel del sujeto, menos aún.

Técnicamente no teníamos los mimbres, pero la idea era buenísima. ¡Y sabéis qué…!

Busqué y encontré lecturas que me transportaban a lugares, tiempos y espacios envidiables. Retomé aquel “El faro del fin del mundo” de mis once años, o “el discurso de la mentira” de aquel verano catorceañero en Chipiona bajo una sombrilla, cuando una rubia algo mayor que yo me ladraba, y yo ni me enteraba, mientras mi abuelo se reía de mi inocencia de entonces; paseé por Avalón, me deleité con “El rey de la almadrabas” o “El olor de las esencias”, y otras.

Al final, me lancé a la aventura: ¡escribir!
¡Creedme!, es una experiencia que os deseo y recomiendo a todos; un viaje que se dilata en el tiempo, donde construyes y destruyes, creas y deshaces, viajas e inventas espacios. ¡Toda una gozada!

En estas fechas, antes que un video-juego, regala un libro. Acentuarás la imaginación, la creatividad, el positivismo, la visión de futuro, el gusto por buscar e investigar, la apertura de mentes. Harás un bien a un ser querido.